El Final

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Ese maldito ruido otra vez, molesto, incesante, arrítmico. Un sonido sin vida, vacío, gutural, espantoso.

Llevo dos días encerrado en el armario, desde que la puerta de nuestra casa cedió y les dejó entrar, como si de nuestros antiguos vecinos se tratase, pero ya no, no lo son y no volverán a serlo. Él ya no es ese manitas tan agradable que nos arreglaba la caldera cuando se estropeaba. Ella ya no es la risueña profesora que iba cada día al colegio con una sonrisa en la cara. Sin embargo, ahí están, al otro lado del armario, golpeando, arañando y gritando, con la mirada perdida y un rostro congelado en una rabia eterna que nada sacia.

Ya no puedo más, este armario encoge a cada minuto que pasa. Cada golpe es una razón más para tirar la toalla, abandonar la esperanza y entregarme a mi destino.

Desde el momento que entraron y me escondí sabía que esto iba a pasar, ¿cómo puede ser tan idiota?, ¿cómo acabé eligiendo este lugar para esconderme? Y lo peor de todo, ¿cómo me mordieron? Lo tenía todo controlado, lo tenía todo, todo…

Lo siento mucho mi amor, siento esto, siento que acabe como ellos, sin objetivos en la vida, sin un sueño que cumplir, sin más amor que darte. Siento que cuando llegues a casa te encuentres con ellos en la habitación y con uno más en el armario. Siento abandonarte.

Perdóname.

Siempre tuyo.

 

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